Los padres tenían preso a Dylan. No es el nombre de un perro, sino de un niño de siete años francés que lleva siete años enclaustrado en la cárcel domiciliar de Millau (sureste de Francia). Nunca ha sido escolarizado ni se le ha permitido salir. Tampoco tiene juguetes. Únicamente un colchón y un orinal, como los presos de otras épocas.
La policía ya ha arrestado a los padres. Se los acusa de maltrato infantil, de abandono moral y material de un menor y de "desantenciones", aunque los agentes también sospechan que han podido existir abusos sexuales, más allá de la evidente violencia física.
El fiscal competente, Patrick Desjardins, se decía esta mañana consternado y sobrecogido después de visitar la casa de Dylan. "Era una cárcel, un cuartucho claustrofóbico y maloliente. No podía abrirse la ventana desde dentro ni entraba luz.. El niño ha sido tremendamente maltratado", añadía Patrick Desjardins.
Los servicios sociales franceses se percibieron del 'caso Dylan' cuando los padres del niño tuvieron otro hijo en 2007. Acudían a asistir a la familia, aunque fue gracias al testimonio de algunos vecinos y testigos cuando hallaron el escondite.
Dylan recibía frecuentes castigos corporales "por su mal comportamiento", ha objetado el padre. Los administraba delante de la madre, a su vez cómplice y protagonista de unas vejaciones "insoportables", tal como decía esta mañana Desjardins.
La abuela de Dylan ha pedido "urgentemente" a la justicia que encarcelen a su hija y a su yerno. También se ha ofrecido a ocuparse de la custodia, aunque la decisión depende de la justicia francesa. De momento, las primeras pericias confirman que Dylan es un niño de inteligencia normal. Otra cuestión es el daño psicológico que le han causado el encarcelamiento, la violencia.

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